Discurso de inauguración del Sr. Cardenal

 

Inauguración del Curso de

Derecho Matrimonial y Jurisprudencia Rotal

(31 de agosto - 4 de septiembre de 2015)

El Papa Francisco, en una carta dirigida al presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el Arzobispo Vicenzo Paglia, en vista del Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Filadelfia, Estados Unidos, menciona que: «La familia cristiana tiene la misión de anunciar el amor de Dios, con la fuerza del Sacramento nupcial», y a partir de este anuncio, nace y se construye una familia viva, que pone el foco del amor en el centro de todo su dinamismo humano y espiritual.

Asimismo, la Iglesia es consciente de los grandes retos que actualmente viven los matrimonios y nunca ha sido ajena a las dificultades que día a día tienen que enfrentar, y los Tribunales eclesiásticos, muchas veces, son testigos de esto. Por una parte les toca recibir a fieles que arrastran el sufrimiento de una ruptura, y hacen presente a la Iglesia como Madre, que arropa y consuela a sus hijos; pero al mismo tiempo como Maestra, que tiene la obligación de defender y enseñar, los principios doctrinales y dogmáticos de la Iglesia.

Si bien la sociedad cambia, y los matrimonios tienen que entrar en ese dinamismo, debemos sostener la ley natural del mismo, y reconocer al matrimonio como la alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, en las que la unidad y la indisolubilidad aparecen como propiedades esenciales. Sin perder de vista esto, la Iglesia enfrenta nuevos desafíos pastorales al incrementarse el número de fieles que sufren alguna irregularidad en su relación de pareja, como son los divorciados vueltos a casar, las uniones de hecho, matrimonio de hecho, entre otros.

Cuando se habla de nuevos desafíos pastorales, no debemos entender que es un tema nuevo, de hecho, siempre han existido situaciones similares, pero actualmente es un tema que capta la atención de propios y extraños. El Papa Francisco, ha expresado y mostrado su preocupación al respecto, pero no es un tema propio de Él; Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, cada uno en su momento han mostrado su preocupación y han promovido que se estudie la forma en la que se puede acompañar, apoyar y ayudar a los fieles que se encuentran en situaciones irregulares.

La doctrina de la Iglesia, en el Concilio Vaticano II manifiesta que: «la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar». Sin embargo, existen aspectos que deterioran la dignidad de la institución matrimonial, así pues, la poligamia, el divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones, opacan la dignidad misma de la unión esponsal. Al mismo tiempo, muchas veces el amor matrimonial es profanado por el egoísmo, el hedonismo y las prácticas ilícitas contra la generación, siendo tantas veces causa de separaciones o rupturas familiares, produciendo serias y muy dolorosas consecuencias en las familias, en la Iglesia y también en la sociedad en general.

Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha seguido sus reflexiones sobre la materia, así entre los muchos documentos que se podrían encontrar, destaca de forma especial la Exhortación apostólica Familiaris consortio, fruto del Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma del 26 de septiembre al 25 de octubre de 1980. Esta exhortación apostólica, recuerda y expone la doctrina de la Iglesia en lo que refiere a la familia y a las nuevas y antiguas situaciones irregulares. Otro documento producto de la preocupación de la Iglesia frente a estas irregularidades es el ofrecido por el Pontificio Consejo para la Familia, Familia, matrimonio y uniones de hecho, publicado en Roma el día 26 de julio de 2000. Dicho Consejo manifestaba que dado el número creciente que las uniones de hecho están alcanzando en el conjunto de la sociedad, con la consiguiente desafección para la estabilidad del matrimonio que ello comporta, la Iglesia no puede dejar de iluminar esta realidad en su discernimiento de los «signos de los tiempos».

Ante esta realidad, Su Santidad, el Papa Francisco, retoma el tema, y en reiteradas ocasiones ha expresado su preocupación por la tarea de los Tribunales Eclesiásticos de cara a esta realidad. Es verdad que no se pretende en la Iglesia una cultura divorsista, pero sí una eficiente y expedita aplicación de la justicia. El Papa ha manifestado su deseo de que los juicios de nulidad matrimonial se realicen con mayor celeridad y, de ser posible, de forma gratuita. No cabe duda que, para que esto sea una realidad, es necesaria la revisión y actualización del proceso de nulidad matrimonial, mismo que ya está en estudio, la formación de nuevos canonistas que estén dispuestos a servir a la Iglesia, y la colaboración de los obispos para poder enfrentar juntos estos retos.

Para ello, su Santidad ha pedido a la Rota Romana que realice cursos de derecho matrimonial y jurisprudencia rotal, que sirvan de ayuda y actualización a Vicarios Judiciales, jueces, notarios y demás personal que colaboran en los Tribunales Eclesiásticos. Con gran entusiasmo y alegría, y en respuesta a la inquietud del Papa, la Arquidiócesis Primada de México, y un servidor, abren las puertas a este curso y a todos ustedes, esperando que esta semana de trabajo sea de provecho para todos ustedes, y que la Iglesia, los Tribunales Eclesiásticos, y todos los fieles, se vean beneficiados por los frutos del mismo. 

 

Norberto Card. Rivera Carrera

   Arzobispo Primado de México

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